Una calle de doble sentido entre mente y cuerpo
De la mente al cuerpo. Todo cambio en tu estado mental, consciente o no, se acompaña de un cambio en tu fisiología. Cuando interpretas algo como amenaza, el cerebro activa el sistema nervioso simpático y el eje del estrés: sube la frecuencia cardíaca, se tensan los músculos, la respiración se acelera y se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol. No importa demasiado si la amenaza está delante o solo en tu cabeza: la respuesta es parecida. Si quieres profundizar en cómo las emociones se traducen en moléculas, lo explicamos en la química de las emociones.
Del cuerpo a la mente. El camino inverso es menos conocido, pero igual de importante. El cerebro recibe sin parar información del interior del cuerpo: el ritmo del corazón, la profundidad de la respiración, la tensión de los músculos, el estado del intestino. A esta percepción interna se le llama interocepción. Según el modelo de Lisa Feldman Barrett y W. Kyle Simmons (2015), el cerebro no se limita a recibir estas señales, sino que las predice constantemente, y de esas predicciones surge buena parte de lo que experimentamos como estado de ánimo: calma, inquietud, cansancio, energía.
Un dato ilustra bien esta doble vía: la mayoría de las fibras del nervio vago, el gran nervio que conecta el cerebro con el corazón, los pulmones y el intestino, no bajan órdenes del cerebro al cuerpo, sino que suben información del cuerpo al cerebro. Tu cerebro está escuchando a tu cuerpo todo el tiempo. Y eso significa que, si cambias lo que el cuerpo le cuenta, cambias también lo que sientes.