“La Compasión Idiota”: Pon en práctica el pensamiento crítico.

“Ofrecerle un vaso de whisky a un alcohólico crónico por el simple hecho de que él se lo pide y usted quiere ser “amable”, no tiene nada que ver con la verdadera compasión sino con la “compasión idiota”.”  En este nuevo Blog, te regalaré tres consejos clave para poner en práctica la verdadera compasión.

Hoy quiero compartir contigo un fragmento del libro “Mi Diario” de Ken Wilber:  “La compasión idiota”

Éste tema suele ser muy confuso a causa de la dificultad para distinguir la verdadera compasión de la “compasión idiota” (debo decir que los términos no son míos sino que ése era el modo en que Trungpa Rimpoche solía abordar esta cuestión), y considero que es importante, ya que aporta al desarrollo del pensamiento crítico y del sentido común.

LA COMPASIÓN IDIOTA

En este país -y especialmente en los círculos de la denominada nueva era- creemos en una especie de igualitarismo tibio, políticamente correcto, según el cual no existe ninguna visión que sea mejor que las demás y, en consecuencia, nos vemos obligados a aceptarlas todas por igual en aras de la diversidad. 

Desde esta perspectiva, el hecho de no emitir ningún juicio es considerado como un signo de compasión, pero de una compasión que, a mi juicio, termina oponiéndose al sentido común.

Y esa actitud, como ustedes comprenderán, resulta contradictoria porque, mientras asume que ninguna visión es mejor que las demás, no deja de insistir en que la suya es la mejor de todas. 

De modo que esta visión “compasiva” afirma que ninguna visión es mejor que otra… excepto la suya que, supuestamente, es superior en un mundo en el que se supone que no existe nada superior. 

Se trata, pues, de una jerarquía que niega las jerarquías, de un juicio que niega los juicios, de una visión bienintencionada pero, en el fondo -cómo decirlo- sumamente hipócrita.

Y la hipocresía, obviamente, no tiene nada que ver con la verdadera compasión sino con la “compasión idiota” que, por más amable que pueda ser, no deja de ser, en el fondo, sumamente cruel. 

¿Acaso le daría un trago a un amigo alcohólico si supiera que, de ese modo, podría matarle? 

Después de todo, para ser amable usted tendría que darle lo que quisiera, ¿no es cierto? ¿Quién es usted para imponer a los demás su visión de las cosas? 

¿Cree usted que sería realmente compasivo darle un trago? ¡De ningún modo!

La verdadera compasión debe ser compasión inteligente, es decir, una compasión que establezca juicios de respeto y cuidado; la verdadera compasión nos dice que ciertas cosas son buenas y que otras no los son tanto y, en consecuencia, nos lleva a movernos hacia aquello que se haya infundido por la sabiduría y el respeto. 

Ofrecerle un vaso de whisky a un alcohólico crónico por el simple hecho de que él se lo pide y usted quiere ser “amable” no tiene nada que ver con la verdadera compasión sino con la “compasión idiota”.

El zen se refiere a esta misma diferencia con los términos “zen abuela” y “zen real”. 

“ZEN ABUELA” Y “ZEN REAL”

Para despertar del sueño del samsara y acabar de una vez con sus juegos favoritos, el ego debe verse hostigado, en ocasiones, de un modo muy severo, algo que el “zen abuela” no parece estar dispuesto a hacer. 

El “zen abuela” quiere ser “amable” y le permitirá seguir durmiendo, si lo desea, un rato más, dejar de meditar si no le gusta cómo discurren las cosas y seguir revolcándose en su EGO. 

Pero el “zen real”, por su parte, no tiene el menor empacho en recurrir a un palo muy largo y, en algunos casos, va acompañado de gritos, huesos y egos rotos. 

La verdadera compasión da golpes e insulta y, en ocasiones, es cualquier cosa menos agradable. Y si usted no está dispuesto a soportar este tipo de fuego, haría bien en alejarse de quienes practican la verdadera compasión, porque éstos no dudarán en echarle al fuego y buscarse un sonriente maestro de la nueva era, todo dulzura y luz, que rebautice su ego con términos abiertamente espirituales. 

Lo que la mayor parte de las personas entienden por “compasión” es una mera autocomplacencia egoica, pero resulta que el ego es nuestro peor enemigo y quien se muestre amable con él no estará dando muestras de una gran compasión.

Hasta aquí el fragmento de Ken Wilber.

En conclusión, vivir una vida de compasión y con pensamiento crítico nos permite transformarnos en agentes de cambio en el mundo. 

La verdadera compasión real nos conecta con la humanidad compartida y nos impulsa a actuar en beneficio de los demás, abrir nuestras mentes y corazones a las necesidades y sufrimientos de aquellos que nos rodean.

Sin embargo, la compasión real no es simplemente un sentimiento pasivo; requiere un pensamiento crítico que nos permita cuestionar las estructuras, los prejuicios arraigados y las injusticias. 

TRES CONSEJOS ÚTILES PARA PRACTICAR LA VERDADERA COMPASIÓN: 

  1. Practícala con criterio. Al combinar la compasión con el pensamiento crítico, somos capaces de desafiar las normas establecidas, romper con los estereotipos y abogar por la igualdad. 
  2. Medita para desarrollar el discernimiento. Esto nos ayuda a examinar nuestras propias acciones. Nos invita a separar “la paja del trigo” y reflexionar sobre cómo nuestras decisiones y comportamientos impactan a los demás. 

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    3. Presta Atención Plena a tus palabras y acciones. Si realmente deseas ver un cambio en tí y en tu entorno, debes ser responsable de tus palabras y acciones.

Vivir una vida de compasión real  nos permite construir puentes entre diferentes comunidades, promover la empatía y el entendimiento mutuo, y generar un cambio positivo en el mundo. 

Al hacerlo, no solo mejoramos la vida de los demás, sino que también encontramos un sentido más profundo de propósito y conexión con nuestra propia humanidad.

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Texto de Nayla Funes – Psiconeuroeducador
Corrección literaria: Nayla Funes y Nerina Crocce para Mindful Science.

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