La pregunta que la ciencia tardó en hacerse
Durante siglos, la medicina occidental trató al cuerpo y a la mente como sistemas separados. El cuerpo era territorio de la ciencia y la biología; la mente quedaba reservada a la filosofía o, más tarde, a la psicología. Las emociones flotaban en un espacio ambiguo entre ambos mundos, consideradas demasiado subjetivas, demasiado imprecisas, para ser objeto de investigación rigurosa.
Esa separación comenzó a desmoronarse en la segunda mitad del siglo XX gracias al trabajo de una investigadora que hizo de las emociones el centro de su ciencia: la Dra. Candace Pert.
Su pregunta era aparentemente simple: ¿qué son exactamente las emociones a nivel molecular? ¿De dónde vienen? ¿Cómo influyen en el cuerpo? Lo que descubrió cambió la neurociencia — y nuestra forma de entender la salud.