Qué ocurre en tu cuerpo cuando abrazas
Un abrazo se caracteriza por el contacto estrecho entre dos personas que comparten cierta confianza o afecto. Es una forma de comunicarse sin palabras. Y, como cualquier comunicación, tiene efectos en quien la recibe — y también en quien la da.
La piel envía el mensaje. Cuando alguien te abraza con una presión moderada, se activan receptores de presión bajo la piel. Según los trabajos de Tiffany Field, este tipo de contacto se asocia con un aumento de la actividad del nervio vago, la vía principal del sistema nervioso parasimpático — el que se encarga del descanso y la recuperación. El ritmo cardíaco tiende a bajar y el cuerpo sale del modo alerta.
La oxitocina entra en escena. La oxitocina es una hormona y neurotransmisor implicada en el vínculo, el parto, la lactancia y la confianza. Se la ha llamado “la hormona del amor”, aunque es un apodo demasiado simple: su efecto depende mucho del contexto y de la relación con la otra persona. En un estudio con 59 mujeres, Light y colaboradoras (2005) observaron que quienes recibían abrazos de su pareja con más frecuencia tenían niveles más altos de oxitocina y una presión arterial y frecuencia cardíaca en reposo más bajas.
Confianza y miedo social. En un experimento muy citado, Thomas Baumgartner y su equipo (2008) administraron oxitocina por vía nasal a un grupo de voluntarios que participaban en un juego económico de confianza. Quienes la recibieron siguieron confiando incluso después de ser traicionados, y mostraron menos actividad en la amígdala, una región clave en la detección de amenazas. Es un hallazgo de laboratorio, no una receta, pero ayuda a entender por qué el contacto afectuoso nos hace sentir más seguros con los demás.
Para profundizar en cómo hormonas y neurotransmisores dan forma a lo que sentimos, puedes leer nuestro artículo sobre la química de las emociones.