Mindfulness

Posturas para la Práctica Formal de la Atención Plena

Las 5 posturas formales para meditar, cuál elegir según tu experiencia y por qué la postura importa.

Nerina Crocce 10 marzo 2025 12 min de lectura
Tabla de Contenidos

Lo que vas a aprender en este artículo

  • La postura correcta para meditar no es necesariamente la más esotérica — es la que le envía al cuerpo una señal clara de seguridad, permitiendo que el sistema nervioso se relaje y la mente pueda observar sin juzgar.
  • Existen 5 posturas formales para la práctica de la atención plena — yacente, sedente, de pie, paseo meditativo y Mindful Fitness — y cada una sirve a un tipo de experiencia meditativa diferente.
  • La postura encarna la actitud: el cuerpo no es un soporte inerte para la meditación — es parte activa de ella.

“Predisponernos a meditar puede afirmar la fuerza y el valor que tiene esta vida vivida en el presente.”

Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de Medicina en la Universidad de Massachusetts y fundador del programa Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR). Pionero en la integración de la meditación de atención plena en la medicina occidental moderna. Autor de Vivir con plenitud la crisis (Full Catastrophe Living) y Wherever You Go, There You Are.

La meditación como entrenamiento de la consciencia

La atención plena — mindfulness — es la capacidad de estar presentes de forma deliberada: reposar en el único momento que tenemos, el aquí y ahora, observando lo que surge en la mente y en el cuerpo sin intentar cambiarlo de inmediato, sin juzgarlo, sin identificarse con ello.

Puede sonar simple, pero es una habilidad — y como toda habilidad, requiere práctica constante. La meditación es el espacio formal donde entrenamos esa habilidad. No es una práctica para vaciarse la mente ni para alcanzar estados de éxtasis. Es, más precisamente, el entrenamiento de la capacidad de observar la propia experiencia: los pensamientos que surgen, las emociones que los acompañan, las sensaciones físicas que aparecen y desaparecen.

Con el tiempo, esta práctica produce cambios reales: aprendemos a estar menos atrapados en la cabeza, a ser más conscientes del cuerpo y del momento presente, y — según la investigación en neurociencia — alteramos físicamente la arquitectura del cerebro, reforzando las conexiones que sustentan la regulación emocional, la atención y la compasión.

Una de las primeras preguntas que se hace cualquier persona que empieza a meditar es: ¿cómo me siento? ¿Puedo meditar acostado? ¿Tengo que cruzar las piernas? ¿Hay una postura correcta?

La respuesta es más matizada y más liberadora de lo que suelen sugerir las imágenes de meditadores en postura de loto: la postura correcta es aquella que le permite al cuerpo estar cómodo y alerta al mismo tiempo — y que envía al sistema nervioso la señal de que es seguro descansar.

Por qué la postura importa — la neurociencia detrás de la posición corporal

Meditar no es solo un fenómeno mental. Es también un fenómeno corporal. La postura que adoptamos durante la práctica no es un detalle estético — es un mensaje que el cuerpo envía al sistema nervioso autónomo.

El sistema nervioso tiene dos modos principales de operación: el estado de alerta y movilización (sistema simpático) y el estado de descanso y recuperación (sistema parasimpático). Para que la meditación sea posible — para que la mente pueda observar con calma en lugar de reaccionar de forma automática — el sistema nervioso necesita estar en modo parasimpático, en un estado de seguridad fisiológica.

La postura corporal influye directamente en este proceso. Una postura erguida pero relajada activa los receptores propioceptivos del cuerpo de forma diferente a una postura encorvada o tensa. La columna vertebral alineada, los pies apoyados en el suelo, los hombros relajados — estas posiciones envían señales al cerebro que facilitan la activación del nervio vago y la respuesta parasimpática.

En palabras de Jon Kabat-Zinn, la postura debe ser aquella en la que “nuestro cuerpo afirme, irradie y transmita una actitud de presencia, de que estamos comprometidos a reconocer y a aceptar todo cuanto emerja en un momento determinado.”

Esta es la razón por la que se dice que la postura encarna la actitud. El cuerpo no es un recipiente pasivo de la meditación — es su primera expresión.

Preparar el espacio antes de la postura

Antes de hablar de las posturas específicas, vale la pena considerar el entorno. La práctica formal de la atención plena se beneficia de un espacio físico pensado para ella:

  • Un lugar con la menor cantidad de distracciones posibles, silencioso o con sonido ambiental neutro (música suave, sonidos de la naturaleza).
  • Una temperatura confortable.
  • Luz tenue que no obligue a los ojos a ajustarse.
  • Cojines, almohadones o una silla que soporten la postura elegida.
  • La disponibilidad de apagar notificaciones del teléfono durante la práctica.

Crear y mantener este espacio no es un lujo — es parte del entrenamiento. Volver siempre al mismo lugar, a la misma hora si es posible, entrena al cuerpo a reconocer que está entrando en modo práctica. Con el tiempo, el simple hecho de sentarse en ese espacio comienza a facilitar el estado meditativo, antes de que empiece la sesión.

Las 5 posturas para la práctica formal

1. Postura yacente — meditación acostado. En esta postura, el practicante se recuesta sobre su espalda, con los brazos ligeramente separados del cuerpo y las palmas hacia arriba, las piernas extendidas o con las rodillas levemente dobladas. Es la postura que se usa habitualmente en la práctica del body scan o exploración corporal — una de las meditaciones formales fundamentales del programa MBSR de Kabat-Zinn.

La postura yacente facilita una relajación profunda del cuerpo y es especialmente útil para personas con dolor crónico, dificultades de movilidad, o al final del día cuando el cuerpo necesita descanso activo. Tiene un riesgo real: la tendencia a quedarse dormido. Esto no es un fracaso — es información sobre el estado del sistema nervioso. Pero si el objetivo es la práctica consciente, puede ser útil doblar ligeramente los codos o dejar una rodilla levantada para mantener cierta señal de alerta en el cuerpo.

2. Postura sedente — meditación sentado. Es la postura más clásica y versátil de la práctica formal. El practicante se sienta con la espalda recta — no rígida, sino erguida — y la cabeza alineada con el resto de la columna vertebral. Las manos descansan sobre las rodillas o en el regazo, con las palmas hacia arriba o hacia abajo según el nivel de apertura que se desee expresar. Los ojos pueden estar cerrados o entreabiertos con la mirada suave hacia el suelo.

Esta postura puede practicarse sobre un cojín de meditación en el suelo (en postura de loto, medio loto, o simplemente sentado de forma cómoda con las piernas cruzadas), o en una silla con los pies apoyados firmemente en el suelo. La silla no es una segunda opción menos válida — para muchas personas es la más efectiva, especialmente si hay incomodidad en las articulaciones o si se está comenzando.

3. Postura de pie — meditación erguida. Meditar de pie, como un árbol. Es una de las posturas más antiguas y accesibles, especialmente para meditadores principiantes o para momentos del día en que sentarse no es posible. El practicante se pone de pie con los pies paralelos a la anchura de las caderas, las rodillas levemente desbloqueadas (sin tensión), los hombros relajados y la cabeza alineada con la columna. Los brazos descansan naturalmente a los costados.

La postura de pie cultiva simultáneamente estabilidad y ligereza — dos cualidades fundamentales de la atención plena. Es también un excelente punto de partida para transitar hacia el paseo meditativo.

4. Paseo meditativo — kinhin o caminata consciente. El paseo meditativo es una práctica formal en la que el movimiento mismo es el objeto de atención. No se camina para llegar a ningún destino: se camina para estar completamente presente en el acto de caminar. La atención se dirige a las sensaciones físicas del movimiento — el contacto del pie con el suelo, el desplazamiento del peso de un pie al otro, el balanceo natural de los brazos — en sincronía con la respiración.

Es una práctica especialmente valiosa para personas con dificultades para permanecer quietas durante períodos prolongados, y como transición entre períodos de meditación sentada. También puede practicarse en la vida cotidiana — en el desplazamiento al trabajo, en un parque — convirtiendo un momento ordinario en práctica de atención plena.

5. Mindful Fitness — movimiento consciente. Mindful Fitness es la práctica que combina el entrenamiento físico con la atención plena: el movimiento corporal como vehículo de consciencia. Engloba desde secuencias de yoga y estiramiento consciente hasta ejercicio aeróbico realizado con plena atención a las sensaciones del cuerpo en movimiento. La atención plena no está separada del movimiento — es el movimiento, vivido desde adentro.

Esta práctica tiene especial relevancia en la propuesta de Mindful Science, que incluye en su app un programa de Mindful Fitness con secuencias de vídeo que van desde nivel principiante hasta avanzado — una forma de que el cuerpo entre en práctica incluso para quienes encuentran la meditación sentada un punto de partida más difícil.

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La recomendación de Mindful Science — por qué la silla importa

En Mindful Science, la postura recomendada para comenzar — y para la práctica habitual — es sentado en una silla, con la espalda recta, los pies apoyados en el suelo y las palmas hacia arriba.

Eric Knouse Jr., CEO de Mindful Science, explica directamente el fundamento de esta recomendación:

“La postura es realmente importante. El objetivo principal es enviar una señal clara al cuerpo de que está seguro, que puede descansar y reponerse. Es por eso que, desde Mindful Science, siempre recomendamos practicar en una silla, con la espalda recta, los pies apoyados en el suelo y palmas hacia arriba… relajado, sin tensión en el cuerpo. Una vez que el cuerpo sienta seguridad, liberará endorfinas que lo inundarán con hormonas para sentirse bien. El cuerpo puede comenzar a sanar lo que sea necesario y es entonces cuando la transformación personal comienza.

A través de esta práctica constante y volviendo al espacio de práctica de la misma manera, el cuerpo se entrena, entonces, para recordar el hábito, recordar el bienestar que sabe producir cuando es constante.”

Eric Knouse Jr., CEO de Mindful Science

Esta descripción sintetiza con precisión lo que la neurociencia del sistema nervioso autónomo confirma: una postura cómoda y erguida, con señales físicas de apertura (palmas hacia arriba, pies en tierra), facilita la activación parasimpática — el estado fisiológico desde el que la meditación puede ser genuinamente transformadora.

Preguntas frecuentes

¿Tengo que meditar con las piernas cruzadas?

No. La postura de loto o medio loto es una opción — no un requisito. Lo esencial es que la espalda esté erguida, la cabeza alineada con la columna y el cuerpo cómodo sin estar tan relajado que propicie el sueño. Meditar sentado en una silla con los pies apoyados en el suelo es completamente equivalente, y en muchos casos más efectivo que forzar una postura que genera incomodidad.

¿Puedo meditar acostado?

Sí — la postura yacente es una postura formal válida, especialmente para la práctica del body scan. El riesgo principal es quedarse dormido, lo que no es un fracaso pero sí indica que el cuerpo necesita descanso antes que práctica meditativa consciente. Si quieres usar la postura yacente para práctica consciente, doblar una rodilla o los codos levemente ayuda a mantener el estado de alerta.

¿Qué hago con las manos?

Las palmas hacia arriba sobre las rodillas o en el regazo es una posición natural y abierta que facilita la relajación. Las palmas hacia abajo sobre las rodillas también son una opción válida — transmiten más sensación de tierra y estabilidad. No hay una posición de manos única correcta: elige la que sea más cómoda y menos distractora para ti.

¿Cuánto tiempo debo mantener la postura?

Para principiantes, 5 a 10 minutos es un punto de partida excelente. La duración importa menos que la consistencia: meditar 10 minutos todos los días produce más transformación que sesiones largas y esporádicas. Con la práctica, la capacidad de mantener la postura sin incomodidad aumenta de forma natural.

¿Y si me duele la espalda durante la meditación?

El dolor es información, no obstáculo. Si aparece incomodidad, puedes ajustar sutilmente la postura sin perder la atención — de hecho, notar la incomodidad, nombrarla y observar cómo cambia es en sí mismo un ejercicio de atención plena. Si el dolor persiste, cambiar de postura (incluyendo usar una silla con respaldo o meditar acostado) es completamente apropiado.

La práctica meditativa es un trabajo lento, disciplinado y de toda la vida — instante a instante. Practicar una y otra vez las cualidades de la dignidad y la quietud, ante cualquier estado mental que se nos presente, nos proporciona una base sólida para mantener la atención plena incluso en los momentos más difíciles.

¡Medita cada día e #InspiraAotros!

¡Gracias por leernos! ¡Hasta pronto!

Texto de Nerina Crocce para Mindful Science.


Fuentes y referencias

  1. Kabat-Zinn, J. (1990/2013). Full Catastrophe Living. Bantam Dell. Ver en Amazon →
  2. Kabat-Zinn, J. (1994). Wherever You Go, There You Are. Hyperion. Ver en Amazon →
  3. Porges, S. W. (2017). The Pocket Guide to Polyvagal Theory. W.W. Norton & Co. Ver en Amazon →
  4. Sze, J. A., et al. (2010). Coherence between emotional experience and physiology: Does body posture matter? Biological Psychology, 84(3), 296–303. Ver en PubMed →
  5. Knouse Jr., E. (2023). Cita directa sobre postura recomendada en Mindful Science. Mindful Science Blog.

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