Bienestar Emocional

Emociones Positivas en Tiempos de Crisis: Qué Dice la Ciencia

No se trata de sonreír a la fuerza. Se trata de dejar espacio, junto al miedo y la tristeza, a lo que te sostiene.

Nayla Funes 14 octubre 2026 ~10 min de lectura
Tabla de Contenidos

Lo que vas a encontrar en este artículo

  • Las emociones negativas son inevitables y útiles: nos protegen. El objetivo no es eliminarlas, sino no quedarnos atrapados en ellas.
  • Según la teoría de “ampliar y construir”, las emociones positivas abren la atención y ayudan a acumular recursos para tiempos difíciles.
  • Tras el 11-S, las personas más resilientes sintieron miedo y tristeza como todos, pero también más gratitud, interés y amor.
  • Cultivar emociones positivas no es positividad tóxica: ambas pueden convivir, y reconocer el dolor es parte del proceso.
  • El mindfulness ayuda a observar las emociones sin juzgarlas y a encontrar perspectiva incluso en medio de una crisis.

Las emociones positivas no son un lujo para los buenos tiempos. Amplían momentáneamente nuestra forma de pensar y de actuar, y con el tiempo construyen recursos duraderos — amistades, habilidades, resiliencia — que nos sostienen cuando las cosas se ponen difíciles. Eso sí: funcionan cuando son sinceras, no cuando se fingen.

— Barbara L. Fredrickson, catedrática de psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y autora de Positivity, sostiene en su teoría de “ampliar y construir” que las emociones positivas cumplen una función evolutiva: preparar a las personas para el futuro.

Cuando atravesamos una crisis — una pérdida, una enfermedad, un cambio que no elegimos, un momento colectivo de incertidumbre —, parece casi una falta de respeto hablar de alegría o gratitud. Lo natural es que el miedo, la tristeza o el enojo ocupen todo el espacio. Y, sin embargo, la ciencia nos dice algo sorprendente: las emociones positivas son especialmente valiosas precisamente en esos momentos.

En este artículo vamos a ver qué es una emoción y para qué sirve, qué descubrió la psicóloga Barbara Fredrickson sobre el papel de las emociones positivas en las crisis, por qué esto no tiene nada que ver con la “positividad tóxica” y cinco formas concretas de cultivarlas sin negar lo que duele.

Qué es una emoción (y para qué sirve)

Etimológicamente, la palabra emoción viene del latín emovere: mover hacia fuera, poner en movimiento. Y eso es lo que hacen: las emociones activan y dirigen nuestra conducta. Son una fuente de enriquecimiento personal y, sobre todo, han sido esenciales para la supervivencia de nuestra especie.

En el cerebro, las emociones dependen de una red de estructuras que incluye regiones clásicamente agrupadas en el llamado sistema límbico — como la amígdala, que tiene un papel clave en detectar lo que es relevante o amenazante, y el hipocampo, ligado a la memoria — en constante diálogo con la corteza prefrontal y con el cuerpo.

Las emociones negativas como el miedo, la ira o la tristeza son inevitables y, desde el punto de vista evolutivo, muy útiles: aparecen cuando necesitamos huir, defendernos o protegernos, y estrechan nuestra atención hacia el peligro. Están aquí para cuidarnos. Pero ¿para qué sirven entonces las emociones positivas, como la alegría, el interés, la gratitud o el amor? Durante mucho tiempo, la psicología no tuvo una buena respuesta.

La teoría de “ampliar y construir”

A finales de los años noventa, Barbara Fredrickson propuso una respuesta que hoy es una de las ideas más influyentes de la psicología positiva: la teoría de ampliar y construir (broaden-and-build). Según esta teoría, mientras las emociones negativas estrechan el foco para afrontar una amenaza inmediata, las positivas hacen lo contrario: amplían el abanico de pensamientos y acciones que se nos ocurren en ese momento.

Y esa apertura tiene un efecto acumulativo: con el tiempo, nos ayuda a construir recursos duraderos — físicos, intelectuales, psicológicos y sociales — que podemos usar más adelante. La psicóloga María Luisa Vecina lo explica muy bien en un artículo de divulgación sobre el tema: la alegría, por ejemplo, invita a jugar, a explorar, a empujar los límites y a ser creativos. Eso desarrolla fuerza y resistencia, memoria y autocontrol, y las habilidades sociales necesarias para crear relaciones de amistad y apoyo. En momentos de escasez o conflicto, esos recursos pueden marcar una gran diferencia.

La teoría tiene respaldo experimental. Fredrickson y Branigan (2005) mostraron a los participantes breves vídeos que inducían diversión, serenidad, ansiedad, enojo o un estado neutro. Quienes habían visto los vídeos positivos atendían más al conjunto de una imagen que a sus detalles y enumeraban más cosas que les apetecía hacer: su atención y su repertorio de acción se habían ampliado, literalmente.

Qué pasa con las emociones positivas en una crisis

El estudio del 11 de septiembre. A principios de 2001, Fredrickson y su equipo habían evaluado la resiliencia de un grupo de estudiantes universitarios. Tras los atentados del 11 de septiembre, volvieron a contactar con ellos. Casi todos sentían ira, tristeza y miedo. Pero las personas más resilientes experimentaban además más emociones positivas — sobre todo gratitud, interés y amor —, y esas emociones explicaban por qué tenían menos síntomas depresivos y más crecimiento en sus recursos psicológicos después de la crisis (Fredrickson et al., 2003). No negaban lo ocurrido: lo sentían todo, incluido lo que les sostenía.

Volver antes a la calma. En otro estudio, Tugade y Fredrickson (2004) sometieron a los participantes a una tarea estresante: preparar un discurso con poco tiempo. Las personas con más resiliencia psicológica recuperaban antes su ritmo cardiovascular normal, y parte de esa recuperación se explicaba por las emociones positivas que experimentaban. Las emociones positivas parecen actuar como un “botón de reinicio” tras el estrés.

Emociones positivas en el dolor. Folkman y Moskowitz (2000) estudiaron a cuidadores de parejas con sida, en una de las situaciones más duras imaginables. Encontraron que, incluso durante el cuidado y el duelo, muchas personas experimentaban emociones positivas con bastante frecuencia, y que las cultivaban de formas concretas: reinterpretando la situación de forma positiva, centrándose en lo que sí podían resolver y dando sentido a los pequeños momentos del día.

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Emociones positivas no es positividad tóxica

Todo esto podría malinterpretarse como “piensa en positivo y se te pasará”. Nada más lejos. La positividad tóxica consiste en negar o tapar las emociones difíciles — “no estés triste”, “mira el lado bueno” —, y suele hacernos sentir más solos y más culpables por lo que sentimos.

Lo que muestran los estudios es otra cosa: las emociones positivas y negativas pueden convivir. Las personas resilientes no sienten menos miedo ni menos tristeza; dejan que, junto a ellos, haya también espacio para la gratitud, la ternura o el interés. Como explicamos en nuestro artículo sobre resiliencia emocional, ser resiliente no es aguantar sin sentir, sino saber atravesar lo que sientes.

Por eso el primer paso no es buscar la alegría, sino reconocer lo que hay. Las emociones negativas están aquí para protegerte, y merecen ser observadas sin juicio. Cuando les das espacio, dejan de necesitar gritar tan fuerte — y empieza a quedar sitio para otras cosas.

5 formas de cultivar emociones positivas en tiempos difíciles

No puedes forzar una emoción, pero sí puedes crear las condiciones para que aparezca. Estas prácticas te ayudan a hacerlo sin negar lo que estás viviendo:

1. Observa tus emociones desde la “consciencia testigo”. Dedica unos minutos a preguntarte qué sientes y dónde lo sientes en el cuerpo. Nombra la emoción — “esto es miedo”, “esto es tristeza” — sin juzgarla ni dejar que tome las riendas. Al enfrentarte a tu lado más vulnerable con amabilidad, puedes reconocer qué necesitas para empezar a sanar.

2. Busca sentido en lo cotidiano. Como los cuidadores del estudio de Folkman y Moskowitz, presta atención a los pequeños momentos con significado: una conversación sincera, un gesto de ayuda, una comida compartida. No sustituyen al dolor, pero lo acompañan.

3. Imagina o recuerda escenas agradables. En una meditación guiada, evoca con detalle un lugar o un momento en el que te sentiste en paz o feliz. Recrear una situación agradable con convicción te conecta con la calma interior y con una percepción más amable de ti y del mundo.

4. Relaja el cuerpo con un escáner corporal. Recorre tu cuerpo con la atención, de los pies a la cabeza, notando y soltando la tensión en cada zona. En una crisis, el cuerpo vive en alerta; devolverle un momento de calma abre espacio para otras emociones.

5. Cultiva la conexión y la gratitud. Escribe tres cosas por las que hoy te sientas agradecido, llama a alguien que te importa o haz algo amable por otra persona. La bondad y la gratitud son dos de las vías más fiables hacia las emociones positivas, y además fortalecen los vínculos que te sostienen.

Mindfulness: perspectiva en medio de la tormenta

La meditación mindfulness nos ayuda a entrenar la consciencia para obtener un sentido de perspectiva saludable, incluso en un contexto de crisis. Aprendemos a observar pensamientos y emociones sin juzgarlos, y poco a poco empezamos a comprendernos mejor. Y comprendernos mejor importa: es lo que nos permite responder en lugar de reaccionar.

El mindfulness es una estrategia sencilla y eficaz de regulación emocional. No elimina las emociones difíciles, pero cambia tu relación con ellas, y al hacerlo deja más espacio en tu vida para emociones como la compasión, la alegría, la generosidad, la gratitud, la bondad y el optimismo.

No se trata de luchar contra tu mente ni contra tus pensamientos. Se trata de aprender a llevar la atención al lugar y al momento en el que realmente puedes actuar: aquí y ahora. Incluso en los días más difíciles, ese momento presente sigue ofreciendo algo — una respiración, un rayo de sol, una mano amiga — a lo que agarrarse.

Si estás atravesando una crisis que te desborda, recuerda que pedir ayuda también es una forma de cuidarte. Un profesional de la salud mental puede acompañarte en el proceso.

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Preguntas frecuentes

¿Qué son las emociones positivas?

Son emociones agradables como la alegría, la gratitud, el interés, la serenidad, la esperanza o el amor. Según la teoría de Barbara Fredrickson, además de sentirse bien, amplían momentáneamente nuestra atención y nuestras opciones de acción, y con el tiempo ayudan a construir recursos personales y sociales.

¿Es posible sentir emociones positivas en plena crisis?

Sí, y es más frecuente de lo que parece. Los estudios muestran que muchas personas experimentan gratitud, amor o interés incluso en situaciones muy duras, junto al miedo o la tristeza. No se trata de sentir solo cosas buenas, sino de permitir que también estén presentes.

¿Cultivar emociones positivas es lo mismo que la positividad tóxica?

No. La positividad tóxica niega o minimiza las emociones difíciles. Cultivar emociones positivas implica reconocer primero lo que sientes, sin juzgarlo, y después dejar espacio también para lo que te sostiene. Ambas emociones pueden convivir.

¿Cuándo debería buscar ayuda profesional?

Si el malestar es intenso o persistente, si no puedes dormir o funcionar en tu día a día, si sientes desesperanza o tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda profesional cuanto antes. Las prácticas de este artículo pueden complementar, pero no sustituir, un acompañamiento psicológico.

¡Medita con nosotros e #inspiraAotros!

Un abrazo fuerte,
Nayla Funes para Mindful Science.


Fuentes y referencias

  1. Fredrickson, B. L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56(3), 218–226. Ver estudio →
  2. Fredrickson, B. L., Tugade, M. M., Waugh, C. E., & Larkin, G. R. (2003). What good are positive emotions in crisis? A prospective study of resilience and emotions following the terrorist attacks on the United States on September 11th, 2001. Journal of Personality and Social Psychology, 84(2), 365–376. Ver estudio →
  3. Tugade, M. M., & Fredrickson, B. L. (2004). Resilient individuals use positive emotions to bounce back from negative emotional experiences. Journal of Personality and Social Psychology, 86(2), 320–333. Ver estudio →
  4. Fredrickson, B. L., & Branigan, C. (2005). Positive emotions broaden the scope of attention and thought-action repertoires. Cognition and Emotion, 19(3), 313–332. Ver estudio →
  5. Folkman, S., & Moskowitz, J. T. (2000). Positive affect and the other side of coping. American Psychologist, 55(6), 647–654. Ver estudio →
  6. Vecina Jiménez, M. L. (2006). Emociones positivas. Papeles del Psicólogo, 27(1), 9–17.
  7. Fredrickson, B. L. (2009). Positivity. Crown.

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