Todas las emociones están ahí por alguna razón
Todas las emociones y sentimientos están ahí por alguna razón. Nos traspasan, nos visitan o nos habitan por algo y para algo. Esto vale también para la culpa — y quizás especialmente para la culpa, porque es una de las emociones más incómodas y difíciles de sostener.
Lo primero que quiero que sepas es que no estás roto ni rota por sentirla. La culpa es una emoción moral — una de las más antiguas y evolutivamente significativas que tenemos. A diferencia de la vergüenza, que nos habla de lo que somos (“soy malo”), la culpa nos habla de lo que hicimos (“hice algo que no estuvo bien”). Esa distinción, aunque sutil, es fundamental.
El problema no es sentir culpa. El problema es cuando la culpa deja de ser una señal útil y se convierte en una historia que te repites sin parar — una condena que no tiene sentencia final.
Yo pasé por eso. Y fue gracias al acompañamiento de mi terapeuta, en un proceso de transformación personal profunda, que pude empezar a entender qué había detrás de lo que sentía. Hoy quiero compartir contigo algunas de las cosas que aprendí en ese camino.