Neuroplasticidad: tu cerebro se reorganiza con lo que practicas
La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso de modificar sus conexiones en respuesta a la experiencia. No solo cambia con lo que ves, oyes o haces: también con lo que piensas, con las emociones que sostienes y con la manera en que diriges tu atención. Las conexiones que se usan a menudo se vuelven más eficientes; las que se usan poco tienden a debilitarse.
Esto abre una posibilidad interesante, que algunos autores llaman neuroplasticidad autodirigida: si eliges con más frecuencia a qué atiendes y cómo te relacionas con tus pensamientos, estás entrenando unos circuitos más que otros. El mindfulness es, en esencia, un entrenamiento sistemático de esa elección.
Conviene, eso sí, distinguir dos tipos de cambio. Los cambios funcionales se refieren a cómo se activan y se comunican las regiones cerebrales (lo que se mide, por ejemplo, con resonancia magnética funcional). Los cambios estructurales se refieren al tamaño, el grosor o la densidad del tejido. Como verás al final del artículo, la evidencia es bastante más sólida para los primeros que para los segundos.
En una revisión publicada en Nature Reviews Neuroscience, Tang, Hölzel y Posner (2015) propusieron que el mindfulness actúa a través de tres componentes que interactúan: el control de la atención, la regulación emocional y la autoconciencia. Las cuatro formas de cambio que vienen a continuación encajan en ese marco.