De dónde viene la idea de la «biología de la creencia»
La expresión se popularizó gracias al biólogo celular Bruce Lipton, cuyo libro La biología de la creencia defiende que las creencias controlan el comportamiento de nuestras células y que los genes apenas importan. Es un libro muy leído, pero conviene decirlo con claridad: esas afirmaciones van mucho más allá de lo que la ciencia actual respalda.
Lo que sí está bien establecido es más matizado. La epigenética — término que propuso el biólogo Conrad Hal Waddington en los años cuarenta — estudia cómo el entorno y la experiencia influyen en qué genes se activan o se silencian, sin cambiar la secuencia del ADN. El estrés, la alimentación, el sueño o las relaciones pueden modificar la expresión de ciertos genes. En ese sentido, tus genes no son un destino cerrado ni eres una víctima de tu herencia.
Pero de ahí no se sigue que «los genes no controlen nada» ni que basta con cambiar una creencia para que las células enfermas «se recuperen de inmediato». La genética importa, y mucho. Lo interesante — y lo que sí podemos estudiar — es el margen real en el que la mente influye en el cuerpo. Si quieres una visión general de esa conexión, puedes leer sobre cómo los pensamientos afectan la salud. Aquí nos centraremos en la puerta de entrada más estudiada: las expectativas.