El problema con la autoestima convencional
Hemos crecido con la idea de que necesitamos tener una autoestima alta. Y la forma en que la mayoría aprendimos a buscarla fue a través del éxito, el reconocimiento, la comparación favorable con los demás. Si me fue bien en eso, me siento bien conmigo misma. Si fallé, si me rechazaron, si alguien parece hacerlo mejor que yo — la autoestima cae.
El problema es estructural. Una autoestima que depende de condiciones externas es, por definición, inestable. Sube cuando las cosas van bien. Cae cuando van mal. Y como la vida tiene inevitablemente altibajos, una autoestima construida así está en permanente riesgo.
La investigación de la Dra. Kristin Neff en la Universidad de Texas identificó algo importante: perseguir una autoestima alta puede generar sus propios problemas. Cuando el valor propio depende de destacarse o compararse favorablemente, tendemos a distorsionar nuestra percepción para proteger la imagen que tenemos de nosotros mismos — inflando nuestros logros, minimizando los de otros, evitando situaciones donde podríamos fallar. El resultado es una relación con uno mismo que se vuelve rígida, defensiva y, en el fondo, frágil.
¿Hay algo mejor? Sí. Y comienza precisamente donde Nayla lo señala desde el título: en la mente.